Control biológico, tendencia contra plagas

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Desde el que inicia un proyecto agrícola, se debe entender que vamos a estar expuestos a las plagas y que cada una de ellas causa daños diferentes a las producciones.

Por Juan Carlos Solís, agrónomo. Docente en el Instituto Técnico Agrícola de Occidente (ITAGRO)*

Entre las plagas más comunes que afectan al sector agrícola de Guatemala, se encuentran la gallina ciega (Phyllophaga spp) que en general daña las raíces; el gusano de la paloma dorso de diamante (Plutella xylostella) que enfila todo su accionar hacia las hojas para comérselas; los pulgones (Aphididae) que en su mayoría se concentran en leguminosas; y la mosca blanca (Aleyrodidae) que encuentra en el tomate su principal fuente de alimentación.

Cuando no se tiene un control adecuado, cuando se desconoce qué tipo de insecticida se debe emplear o cuando no se recurre a métodos manuales, los daños pueden pasar de un 60 a un 90% de los cultivos. Hace varios años hubo en Guatemala una plaga de picudo (Apion godmani) que afectó los cultivos de frijol, el cual no se pudo controlar; algo similar ocurrió con la mosca blanca del tomate hace 20 años; ambos eventos fueron devastadores. El comportamiento y relevancia de las plagas es diferente en cada lugar. No se las puede considerar como iguales al cambiar del territorio de un país con el de otra nación.

Por ejemplo, a las plagas se les califica como primarias, secundarias y terciarias. Si bien la mosca blanca puede estar considerada como plaga primaria en un sitio, es probable que en otro lugar ni siquiera la conozcan. Esto es por el desbalance de los ecosistemas, efecto que ha sido provocado por varias causas, principalmente por la intervención de los seres humanos, y seguido de otros aspectos como la contaminación ambiental, el uso irracional de los químicos y agroquímicos, así como no seguir las medidas de control integrado del problema.

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No hay que perder de vista que las plagas tienen un depredador natural; es más, me atrevería a decir que todas tienen uno. Veamos un ejemplo: cuando un campesino tiene una plantación de maíz y teme perderla por causa de una plaga, es posible que recurra a un agroquímico equis; pero al no saber cuál es el que en realidad necesita, emplea uno de espectro amplio que además de eliminar a la plaga mata a todo tipo de insectos, incluso a los depredadores.

Es posible que haya plantas que atraigan a los depredadores de sus plagas, pero cuando están desprotegidas, los insectos que buscan alimento atentan contra la planta. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), las plagas de las plantas siguen limitando la producción agrícola y de alimentos.

Las moscas de la fruta, por ejemplo, generan daños importantes a la producción de frutas y hortalizas; y conforme aumenten las temperaturas mundiales, aparecen en más regiones. Para combatirlas muchas veces se recurre a plaguicidas, que pueden producir efectos secundarios en la salud humana y el medio ambiente.

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La mosca blanca

Lo anterior ha pasado con la mosca blanca en tomate: los cultivos son su alimento y más cuando no tiene un depredador natural. Las hembras adultas, cuyos tipos son bemisia tabaci y trialeurodes vaporariorum, colonizan las partes jóvenes de las plantas con la colocación de huevos en el envés de las hojas, algunos no fertilizados verán nacer sólo machos, mientras que los fertilizados, hembras.

Cada hembra puede producir hasta 200 huevos a lo largo de su existencia. Su ciclo de desarrollo demora entre 30 y 40 días desde que está en el huevo hasta convertirse en adulto; la temperatura y otros factores ambientales inciden en este aspecto. Si bien se le asocia a daños en tomates, la mosca blanca también ataca a otros cultivos hortícolas de forma directa, eso se observa en la proliferación de negrilla sobre la melaza que se produce en la alimentación, lo que mancha y desprecia los frutos y dificulta el desarrollo normal de las plantas.

En cambio, cuando los daños son indirectos, transmite el virus del rizado amarillo del tomate, también llamado como “virus de la cuchara”, que se caracteriza por volver amarillos los nervios de la hoja. Otros síntomas se perciben en el enrollamiento de las hojas y los tallos, demora en el crecimiento de la planta y su marchitamiento hasta la pérdida de hojas, por mencionar otros rasgos.

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La mosca blanca también transmite el virus de la clorosis y de la madurez irregular del tomate. Para prevenir su impacto, se recomienda usar trampas cromáticas amarillas, hacer cerramientos adecuados para evitar que ingrese a la zona del cultivo. También debe evitarse la asociación de cultivos en una misma parcela.

Veamos otro caso. Un cultivo particular es el del café, que si bien tiene plagas y enfermedades, no tiene un depredador natural de estas. En las grandes extensiones, la planta se convierte en alimento de la enfermedad. Muchas veces quienes lo siembran tienen la idea de que por ser un cultivo anual, al preparar la parcela y botar una parte del bosque se minimizan los riesgos a las plagas, pero en realidad, los cafetos siempre estarán expuestos.

Métodos y tendencias

Se debe tener en cuenta que existe una serie de factores de prevalencia de las plagas. Por ejemplo, aplicar químicos para que el tomate sea rojo o comprar los que financieramente sean posibles mas no los indicados, o el uso irracional de insecticidas, el desconocimiento de la agricultura o el conocimiento empírico que se sustenta en que si otra persona le funcionó un método es el que se debe seguir en cualquier caso.

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Entre los métodos comunes que se emplean para combatir las plagas, se debe tomar en cuenta las siguientes:

  • Manejo integrado de plagas y como último recurso el uso de químicos.
  • Anteponer los controles ecológicos, culturales, biológicos y los manuales. Por ejemplo, para una plantación de brócoli, en su etapa de desarrollo, llegará la mariposa blanca a depositar los huevos, algo que se puede remediar quitándolos con la mano. Muchas veces las personas saben que la mariposa llegará pero se adelantan y aplican insecticidas creyendo que esa es la única forma de combatirla.
  • Llevar a cabo un control cultural mediante trampas amarillas con pegamentos, las cuales se emplean luego de un diagnóstico inicial. Luego se colocan a la distancia indicada para atraer a la plaga, que quede pegada y no cause daños. Realizar un control etológico, es decir, recurrir al combate con enemigos naturales de la plaga. insectos depredadores hongos patógenos y bacterias.
  • Finalmente, el factor cultural, que se conoce como productos orgánicos y requiere de un control integrado de plagas para no perder toda la plantación.

Por hoy, las novedades tecnológicas en el combate de las plagas están orientadas a los controles biológicos y etológicos, a la utilización de enemigos naturales que tiene la plaga para combatirla. En Guatemala hay empresas que brindan asistencia para determinar cuáles son los controles biológicos, sus características y costos.

Casos

Por ejemplo, en el Instituto Técnico Agrícola de Occidente (ITAGRO), el año pasado estuvimos trabajando con tomate injertado y se presentaron problemas de mosca blanca. Lo que hicimos fue llamar a una de estas empresas para saber qué nos podía ofrecer para el control de la mosca y de crisopas verdes (Chrysopidae).

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El problema ocurrió porque la puerta del sitio quedó abierta. Cualquier persona que cultive tomates sabe que la desprotección impacta la producción. Por naturaleza, el insecto busca cómo entrar, no se lo ve pero siempre ataca. Esta es una plaga que ataca los cultivos de hortalizas, tomates, chile pimiento, berenjenas y papas.

Es un insecto pequeño que tiene la capacidad volar grandes distancias para buscar comida. Y aunque estemos hablando de condiciones controladas, un microagujero será más que suficiente para que ocurran los daños. Mientras que la mosca del Mediterráneo ataca a las frutas: papayas, sandías. Debido a que estamos suscritos a convenios internacionales para exportarlas, los controles tienen que ser estrictos.

Por ejemplo, con Estados Unidos nos ocurre ya que tenemos daños de mosca del Mediterráneo, pero el objetivo del país es declararse libre de este insecto. En nuestro caso, trabajamos siguiendo un método biológico, no aplicamos ningún producto químico; la mosca fue controlada con beauveria bassiana, un depredador natural, y nos funcionó bastante bien porque el rendimiento fue de 12 libras de tomate por planta. La beauveria bassiana es un enemigo natural de la mosca blanca. Se trata de una bacteria que se posesiona del insecto hasta que lo mata. El método de utilización no es complicado y lo que se consigue es infundir una enfermedad que atenta contra la plaga.

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Medidas

A fin de evitar daños por distintos tipos de plagas, los agricultores deben tener en cuenta lo siguiente:

  • Utilizar controles naturales
  • Procurar rotaciones de cultivo
  • Implementar barreras vivas, por ejemplo, en los cultivos de tomate, se puede sembrar frijol o maíz alrededor para que la mosca blanca no lo identifique con facilidad
  • Buscar a un especialista para que haga un estudio particular en el área de trabajo donde se realizará el cultivo.

En alusión a este último numeral, en el sector comercial están las empresas Popoyán, Vista Volcanes, ITAGRO, Bejo y Sakata que entregan diversas soluciones de tecnología para prevenir plagas, sugerir tipos de invernaderos, brindar programas para controles biológicos y ecológicos contra plagas, ayudar a mejorar los híbridos y facilitar un amplio conocimiento en las variedad para plantas y contra enfermedades.

Por otro lado, están todos los laboratorios químicos, pero se debe buscar alternativas como Disagro o Agrocentro. Otra forma de reducir el impacto de las plagas son las buenas prácticas que pueden seguir los agricultores como:

  • Realizar prácticas laborales adecuadas: labranza mínima, no usar herbicidas y repeler plagas con la misma planta. Seguir las prácticas culturas de forma adecuada: por ejemplo, respetando el distanciamiento adecuado o mediante el manejo de podas.
  • Preguntar sobre los controles manuales y culturales, como las trampas amarillas antes mencionada y dejar en última instancia el uso de químicos, y si es así, que este sea específico para la plaga que se desea controlar.

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También se debe usar semillas certificadas; dependiendo de lo que se vaya a sembrar, se debe tener en cuenta que no todas son resistentes a las plagas ni a las enfermedades, por lo que es necesario asesorarse previamente. Los agricultores deben tener en cuenta que en el contexto actual, tanto el cambio climático como el calentamiento global inciden en el problema.

El cambio climático ha provocado que las épocas lluviosas sean irregulares: mientras que en otros años llovía con regularidad, hoy caen tormentas de 10 minutos que debilitan las plantas y las hacen más susceptible a plagas y enfermedades. Lo mismo ocurre en la época seca: se debilitan por la falta de una hidratación adecuada y son propensa a las plagas.

* Juan Carlos Solís ha laborado en distintos ámbitos agrícolas. Ha sido jefe de producción, encargado de planificaciones, extensionista agrícola y encargado de producción en varios municipios guatemaltecos en organizaciones como el Fondo para el Desarrollo Solidario (FONDESOL) y Project Concern International (PCI).

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