Un paso más contra el impacto del cambio climático en la región

Raquel Fratti

Miles de productores centroamericanos ahora cuentan con herramientas contra este flagelo.

Centroamérica es la zona más vulnerable al impacto del cambio climático, aunque produzca menos del 0,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero. La agricultura es uno de los sectores que sufre más este impacto.

Sin embargo, alrededor de 4.600 familias productoras y 30 organizaciones empresariales de Centroamérica mejoraron sus capacidades de producción, redujeron sus condiciones de pobreza y ahora son más resilientes al cambio climático.

El Programa Agroambiental Mesoamericano (MAP) del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE), durante su segunda fase de 2013 a 2017 brindó asesoría y acompañamiento técnico a estos productores, provenientes de la región centro-norte de Nicaragua y la región transfronteriza entre Honduras, El Salvador y Guatemala, conocida como Trifinio.

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Las familias participantes aprendieron a producir de manera sostenible en sus patios y fincas, además mejoraron sus conocimientos sobre seguridad alimentaria y adaptación al cambio y la variabilidad climática por medio de 264 Escuelas de Campo establecidas por el MAP, programa que contó con el financiamiento de la Embajada de Noruega y culminó sus acciones en el 2017.

Asimismo, MAP desarrolló Escuelas de Formación Empresarial Territorial con las organizaciones empresariales, con el fin de fortalecer sus capacidades, crear nuevos productos y abrir acceso a nuevos mercados.

De acuerdo con el informe final de MAP, en la región central de Nicaragua el número promedio de alimentos producidos por las familias pasó de ocho alimentos en 2013 a 16 en 2017. Los mayores cambios se dieron en los grupos alimenticios de vegetales y frutas.

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Situación similar se presentó en Trifinio, en donde en 2013 las familias prácticamente compraban los pocos vegetales que consumían (2 vs 1), lo cual cambió en 2015 y se mantuvo hasta 2017, cuando el número de vegetales producidos superó los comprados (5 vs 4). El mayor aumento en la diversidad de la dieta familiar se observó en los grupos de vegetales y hojas (de 2 a 8), y cereales y tubérculos (2 vs 4).

“Hemos aprendido a cultivar y procesar los alimentos haciendo combinaciones de comida saludables. Hemos aprendido a darle valor agregado a los productos que sacamos del huerto y tenemos una mejor alimentación y salud”, manifestaron Norman Talavera y Rosa Alexandra Sábalo, participantes de una de las Escuelas de Campo que se impartieron en El Cuá, en Nicaragua.

En el ámbito de las organizaciones empresariales de productores se crearon alrededor de 40 nuevos productos en cuatro cadenas de valor: cacao, café, hortalizas y lácteos. Además, se facilitó el acceso de las organizaciones a nuevos mercados para así aumentar sus ingresos.

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