Variabilidad climática urge mayor prevención a plagas

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Los cambios en el comportamiento del clima pueden afectar la dinámica presente en un sistema productivo, al favorecer las condiciones de una especie en lo particular y disminuir las de otras.

Por Octavio Carranza, Director Técnico del OIRSA

Actualmente, se conoce que la variabilidad climática presente en la región depende en gran medida del incremento o descenso de la temperatura promedio en el océano Pacífico y el mar Caribe. Esta obedece a la forma en que la tierra busca un balance entre la masa de la atmósfera y la energía proveniente del sol, generando como consecuencia falta, exceso o normalidad en las condiciones de lluvia y temperatura presentes en el territorio continental y las islas.

Recientemente, los científicos han encontrado que existe un comportamiento consistente en el aumento de la temperatura de la atmósfera y una mayor frecuencia entre los procesos de enfriamiento y calentamiento de los océanos.

Dicho proceso, denominado cambio climático, coincide con el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero –como el CO2 y el Metano– producto de la energía a través de combustibles derivados del petróleo y la ampliación de la frontera agrícola, que conlleva la pérdida de grandes masas de bosques, para la producción agropecuaria.

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De acuerdo al Banco Mundial, este fenómeno es la principal causa de una mayor presencia de fenómenos hidroclimáticos considerados extremos, como sequías e inundaciones, cuya probabilidad se duplica en un plazo de 10 años para la región, ocasionando fuertes pérdidas económicas, humanas y de infraestructura.

Eventos –como los huracanes Mitch y Stan– contrarrestaron prácticamente el crecimiento económico de por lo menos tres años en Guatemala, Honduras y El Salvador, que, a su vez, están considerados entre los 10 países con mayor grado de vulnerabilidad al fenómeno en el mundo.

El clima también condiciona el tipo de poblaciones vegetales y animales que existen en los diferentes ecosistemas o zonas de vida, pues sus características, tanto genéticas como fenotípicas, son consecuencia de un proceso de evolución y adaptación a lo largo de la historia del planeta. Así, los cambios en el comportamiento del clima pueden afectar la dinámica presente en un sistema productivo, al favorecer las condiciones de una especie en lo particular y disminuir las de otras.

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Esto afecta los medios de vida, que dentro de los diferentes ecosistemas presentes en la región, se desarrollan y de los que depende la cultura, economía y nutrición; de gran parte de la población rural. Por ejemplo: las siembras de maíz, frijol y granos básicos en general sufren fuertes pérdidas por los excesos o falta de precipitación a las que se asocia una mayor incidencia y severidad de plagas y enfermedades.

Estos fenómenos aumentan los costos de producción y reducen los beneficios para la transacción de otros bienes necesarios dispuestos en el mercado –como salud, educación y vivienda– para una gran parte de la población. Asimismo, dificulta una adecuada nutrición por el aumento en los precios de los alimentos.

Afectación en producciones pecuarias

El clima también puede generar el aumento de la presencia de enfermedades animales, tanto las infecciosas como las parasitarias, de acuerdo a las condiciones del medio que favorezcan su ingreso a los hospederos adecuados. Los animales pueden ser más susceptibles a las enfermedades producidas por virus y bacterias debido principalmente a la alteración fisiológica de sus organismos, que ocasiona una baja de defensas provocada por el estrés al que son sometidos, así como los cambios bruscos en la temperatura del ambiente que pueden disminuir la capacidad de respuesta del sistema respiratorio.

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Asimismo, el exceso de humedad propicia las condiciones para el desarrollo de enfermedades de la piel y extremidades provocadas por hongos y bacterias. La cantidad abundante de agua en las praderas permite que se distribuyan los huevecillos de parásitos gastrointestinales y pulmonares, y que estos sean ingeridos por los animales a través de la pastura o el agua de consumo, incrementando los grados de parasitosis.

Lo que incide en la disminución de su productividad y los predisponen a enfermedades bacterianas secundarias. Adicionalmente, algunas enfermedades infecciosas presentes en las explotaciones, como la brucelosis y tuberculosis, pueden transmitirse a los animales de otros hatos cuando las corrientes de aguas trasladan las bacterias, o cuando las condiciones obligan a juntar animales de diferente condición sanitaria para salvaguardar su vida.

Más plagas en plantas y vegetales

Por su parte, las condiciones de temperatura y humedad relativa son determinantes en el aparecimiento e incremento de plagas de los vegetales, a lo que se suma la cantidad de horas de luz solar. En general, las plagas fungosas y bacterianas se incrementan en la medida que la lluvia se hace presente, aumentando la humedad del medio ambiente de los campos de cultivo.

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Las altas temperaturas y escases de agua brindan las condiciones para la proliferación masiva de plagas como el Pulgón Amarillo del Sorgo. Esto cuando existen temperaturas superiores a los 20 grados centígrados y escases de lluvias. Asimismo, el clima incide en plagas que afectan los bosques como el gorgojo descortezador Dendroctonus frontalis (Coleoptera, Curculionidae), en donde se ha observado una relación entre su proliferación y el aumento en la temperatura promedio, anomalías climáticas de meses calurosos y afectación por incendios forestales.

Otras enfermedades de los vegetales también suelen incrementarse en la medida que las condiciones son propicias para que la población de insectos vectores crezca. Existen plagas de gusanos presentes en la tierra de cultivo que aumentan cuando las condiciones de humedad, luz y agua les permiten llevar a cabo sus actividades reproductivas.

Algunas de estas plagas se transportan con el corrimiento de las aguas de lluvia hacia sitios bajos, impactando áreas distintas a las que originalmente afectaba. Resulta por demás importante considerar cómo el comportamiento del agua de lluvia, las corrientes y los vientos aglutinan a los contaminantes existentes en el suelo que afectan la salud pública: bacterias, parásitos y elementos químicos.

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Estos contaminan frutos y hortalizas generando riesgos importantes para la salud humana por su consumo directo. Las actividades establecidas en los huertos para reducir los riesgos de contaminación se ven alteradas por situaciones climáticas extremas, lo cual afecta la comercialización y el consumo.

Existe también un riesgo inminente por la escasez de alimentos que puede incidir en la importación de productos infectados con plagas o enfermedades cuarentenarias. Plantas o animales mejor adaptados de otras áreas pueden, en determinado momento, cambiar el estatus sanitario de un cultivo o sistema productivo si los sistemas de cuarentena de los países de la región no están adecuadamente desarrollados.

El OIRSA ante la variabilidad climática

Aunque en gran medida estas situaciones –en materia de sanidad vegetal, salud animal e inocuidad de los alimentos– han existido siempre, eran predecibles cuando las estaciones se encontraban claramente diferenciadas, lo cual generaba las acciones de prevención por parte de los productores agropecuarios y las autoridades agro sanitarias.

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Tras la vulnerabilidad provocada por la falta de certidumbre, y la escasa infraestructura y tecnología productiva de muchas áreas rurales, el Organismo Internacional Regional de Sanidad Agropecuaria (OIRSA) ha establecido el Programa Regional de Variables Climáticas y Sanidad Agropecuaria.

El programa pretende apoyar a los países en la identificación de los peligros y ponderación de los riesgos que los diferentes sistemas pecuarios y agrícolas pueden tener en función de las condiciones atmosféricas previstas, para generar información clara y oportuna que permita definir e implementar medidas de prevención y control, estimulando la adaptación de los sistemas productivos ante el cambio climático de forma práctica y oportuna.

Para ello, el OIRSA promueve la integración de mesas nacionales con los Ministerios y Secretarías de Agricultura de la región, la academia, centros de investigación y servicios meteorológicos. Esto para que de forma interdisciplinaria se puedan identificar áreas de riesgo y desarrollar medidas prácticas que apoyen los planes de salud animal, sanidad vegetal, servicios cuarentenarios e inocuidad de los alimentos.

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También, como producto de este esfuerzo, se han realizado alianzas en el marco de instancias como el Foro Regional del Clima del Comité Regional de Recursos Hidráulicos del SICA. En este foro, el OIRSA integra y coordina la mesa de aplicación para variables climáticas y sanidad agropecuaria, en la que se discuten cómo las condiciones previstas afectarán, en términos sanitarios y fitosanitarios, los cultivos y explotaciones pecuarias.

Al mismo tiempo, el OIRSA –con el apoyo de los Ministerios y Secretarías de Agricultura, el Servicio Meteorológico de Guatemala y Centros de Investigación– desarrolla un sistema informático para formular mapas dinámicos de riesgo productivo de las principales plagas y enfermedades de importancia económica o cuarentenaria presentes en la región.

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Esta plataforma, en función de las condiciones climáticas previstas, identifica áreas y pondera riesgos para diferentes plagas y enfermedades de importancia económica o cuarentenaria como: la roya y broca del café, el pulgón amarillo del sorgo, la langosta voladora, el HLB de los cítricos, el acame del arroz, entre otros; cuyos períodos de predicción van desde 10 días hasta un mes.

Se espera que este sistema permita una mejor capacidad de respuesta de los países y fortalezca sus sistemas de vigilancia sanitaria y fitosanitaria para la emisión de alertas y el desarrollo de medidas de manejo y prevención. También se proyecta que esta plataforma se integre a otras como la denominada Centro Clima, desarrollada por el Programa Regional de Cambio Climático (PRCC) de la USAID.

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